Una de las formas de describir la gastronomía que mejor la representa es “el arte de preparar una buena comida”. También se utiliza para referirse a un estilo de cocina de una determinada región. Pero la forma normal de utilizar el término gastronomía es para hablar de la comida y la cocina de un lugar.
La sostenibilidad en el mundo de la alimentación implica llevar a cabo actividades relacionadas con la gastronomía (por ejemplo, la agricultura, la pesca o incluso la preparación de una comida) sin malgastar nuestros recursos naturales y poder seguir haciéndolo en el futuro sin dañar el medio ambiente ni la salud.
Para entenderlo mejor, es necesario saber que la gastronomía sostenible es sinónimo de una cocina que tiene en cuenta el origen de los ingredientes, cómo se han cultivado y cómo llegan a nuestros mercados, para finalmente utilizarlos en nuestros platos.
La decisión de celebrar el Día de la Gastronomía Sostenible la reconoce como una expresión cultural de la diversidad natural y cultural del mundo. Ante la actual crisis sanitaria, debida a la pandemia del COVID-19, la gastronomía sostenible, que celebra los ingredientes y productos de temporada, y contribuye a la preservación de la vida silvestre y de nuestras tradiciones culinarias, cobra más relevancia que nunca.
Es cierto que los sistemas de producción agrícola se enfrentan a retos sin precedentes, esto se debe, entre otras cosas, a la creciente demanda de alimentos para una población que no deja de crecer, a la alta competencia debida a la disminución de los recursos naturales, a la pérdida de biodiversidad, a las plagas y enfermedades emergentes y a los efectos adversos del cambio climático.
La seguridad alimentaria y nutricional mundial está amenazada. Los medios de vida de los pequeños agricultores y productores, que dependen de la agricultura, la silvicultura y la pesca, están en peligro.
”La seguridad alimentaria y nutricional mundial está amenazada.”
Para proteger todo esto, es necesario un cambio fundamental en las políticas y prácticas a nivel global y nacional, para así poder promover la transición hacia una alimentación y agricultura sostenibles, promoviendo innovaciones, y fortaleciendo la toma de decisiones basadas en la ciencia, las capacidades y las tecnologías, para conciliar las demandas ambientales, económicas y sociales, equilibrando las sinergias y compensaciones.
Se espera que en 2050 alcancemos los 9.300 millones de habitantes en el mundo, y debemos apoyar los cambios en los patrones dietéticos, ya que se estima que la producción de alimentos tendrá que aumentar de los 8.400 millones de toneladas actuales a casi 13.500 millones de toneladas para ese año.
La visión común de la Alimentación y la Agricultura Sostenibles debe abordar las dimensiones social, económica y medioambiental de cada región, para garantizar la sostenibilidad. Algunos principios, que podrían guiar colectivamente el proceso de transición hacia una mayor sostenibilidad, se resumen en
Aumentar la productividad, el empleo y el valor añadido en los sistemas alimentarios.
Proteger y mejorar los recursos naturales.
Mejorar los medios de vida y fomentar el crecimiento económico inclusivo.
Mejorar la resiliencia de las personas, las comunidades y los ecosistemas.
Adaptar la gobernanza a los nuevos retos.