Pero, por otro lado, también nos ha enseñado que la movilidad es de gran importancia en casi todos los aspectos de nuestra vida. Necesitamos el transporte más que nunca para trasladar a trabajadores clave, entregar suministros esenciales, mantener la seguridad alimentaria y apoyar la recuperación económica.
Es cierto que la resiliencia ha sido una parte importante de la movilidad sostenible durante bastante tiempo, centrándose principalmente en la protección de las infraestructuras de transporte frente al riesgo climático y las catástrofes naturales. Pero la crisis actual es diferente, ya que la pandemia ha afectado a la prestación de servicios de transporte y no a la propia infraestructura.
La preocupación por la salud y las medidas de cierre en la mayoría de los sectores han provocado la caída en picado del volumen de pasajeros, además de la imposición de una serie de restricciones operativas a los proveedores de transporte. En otras palabras, estamos asistiendo a una profunda conmoción del mercado tanto en el lado de la demanda como en el de la oferta.
Para proteger al sector de futuras crisis, la reciente Hoja de Ruta de Acción Global para la Movilidad Sostenible (GRA) podría convertirse en una parte vital del proceso de transformación, ya que fue diseñada precisamente para ayudar a los países a mejorar su transporte, incluso desde el punto de vista de la resiliencia, basándose en 180 medidas políticas probadas de todo el mundo.
La herramienta se lanzó en octubre, una época en la que el término “coronavirus” era prácticamente desconocido, y apenas unos meses después, nuestro mundo ha cambiado por completo. Ahora es un buen momento para mirar la GRA a través de la lente de COVID-19: ¿Cómo podemos aprovechar esta vía de trabajo para aumentar la resistencia a corto y largo plazo del sector del transporte? ¿Y hay nuevas medidas que deban introducirse a la luz de la pandemia?
La GRA presenta más de 50 medidas que son directamente relevantes para la crisis actual, y que pueden contribuir significativamente a la resiliencia del transporte. Entre ellas se encuentran:
Planificación de una red integrada de transporte multimodal. La pandemia ha demostrado la importancia de un sistema de transporte flexible y adaptable.
La coordinación eficaz de todo el sector del transporte resulta esencial cuando se trata de una situación de crisis o emergencia.
El Big Data puede hacer que la gestión del transporte sea mucho más eficiente y receptiva, especialmente cuando se trata de cortes de suministro. Puede hacerse a través de protocolos claros para compartir los datos de forma eficaz, protegiendo al mismo tiempo la privacidad y la seguridad.
Reutilizar el espacio vial para permitir el acceso a todos los modos. La pandemia ha llevado a muchas ciudades a peatonalizar algunas de sus calles o a crear carriles bici emergentes como forma de evitar la saturación del transporte público.
Integrar nuevas soluciones de movilidad. Modelos innovadores como el reparto de bicicletas o las plataformas de movilidad compartida han desempeñado un papel importante en la preservación de la conectividad durante la pandemia.
Fomentar comunidades compactas, transitables y de uso mixto que favorezcan el transporte público y nos ayuden a crear ciudades más resistentes y sostenibles. Reducir las subvenciones a los combustibles y aumentar los impuestos sobre los mismos podría dar a los gobiernos el espacio fiscal que necesitan para aumentar la inversión en energías renovables, vehículos eléctricos o transporte público. Aunque estas medidas pueden ser extremadamente impopulares, los precios históricamente bajos del petróleo en los últimos meses permitirían a los gobiernos reformar la política de combustibles sin un impacto significativo en los precios al consumidor.
Aunque las medidas descritas en la GRA pueden ser muy útiles, con la pandemia están surgiendo una serie de nuevas recomendaciones, muchas de las cuales podrían integrarse en una futura versión de la GRA:
Elaboración de protocolos de distanciamiento físico para el transporte público.
Preparación de planes de contingencia para proporcionar servicios de movilidad vitales para los trabajadores esenciales.
Relajación de las restricciones al funcionamiento de los vehículos pesados durante la respuesta a la crisis (por ejemplo, ampliación automática de las licencias).
Eliminar las barreras no arancelarias para facilitar la importación/exportación de equipos y suministros médicos esenciales.
Garantizar un nivel óptimo de disponibilidad y uso de vehículos en el transporte de mercancías, el uso eficiente de los vehículos ayuda a minimizar el impacto de las interrupciones para mantener los bienes esenciales en movimiento también en el transporte público.
Queremos conocer su opinión: ¿cómo ha influido COVID-19 en su forma de moverse? ¿Cuáles cree que son las medidas más importantes que deberían adoptarse?